Una palabra, una mirada, una sonrisa, la vida resumida en lo que sientes por alguien, reducida a tan solo un puñado de caricias que el tiempo una vez te regaló con cariño y que hoy solo quedan las marcas de la miel que humectó con dulzura tu cuerpo.
Aún recuerdas esos momentos felices que pasaste junto a ella, recuerdas esas noches de pasión, las salidas al campo, la alegría que se sentía al hacer todo juntos; hoy ves tan cerca a la soledad, la miras a los ojos y la besas tan frecuentemente que te hace sentir que falta algo en ti, que aunque eres feliz y lo tienes todo, a veces quisieras llenar ese vacío del alma, el no tener con quién compartir tu propio mundo y sentir que a alguien le interesa todo lo que haces a diario, desde algo tan simple como indagarte cómo te encuentras, pues esto es ya un motivo de suprema gratitud y de un sentimiento inigualable de satisfacción.
En otros momentos te preguntas qué será de la vida de aquella persona que fue tan especial durante un tiempo para ti, por quien dabas todo, hasta la vida misma, a quien le regalabas tu tiempo y toda tu atención; por quien alguna vez te preguntaste a ti mismo si valdría o no la pena y sin importar lo que le respondió la razón a tu corazón, le hiciste caso a este último, porque tenías la fe y la esperanza de poder cambiar lo que estaba mal y de lograr lo que siempre quisiste conseguir y que por tanto fue un sueño para ti. Lo cierto es que inevitablemente el amor trae consigo un sufrimiento, que al mirarlo luego, a través del tiempo, te das cuenta que para ver con cordura y objetividad las cosas por las que luego te culpaste, fue necesario primero haberlas vivido, pues es inequívocamente una realidad que por más que te digan que estás cometiendo un error, para solventarlo, solo debes haberlo vivido y aprendido de él por ti mismo, pues nadie vive en tu mundo ni tus propias experiencias para enseñarte a llevar tu mundo y sus consecuencias.
Hoy debes ya sentirte tranquilo, la oportunidad de desenvolver las llamas de ese fuego que parecía eterno en tu interior, sacando de nuevo una sonrisa a la vida y dándote la oportunidad de volver a ubicarte en la felicidad, porque debes recordar que no es una meta, la felicidad es un camino y por tanto tú decides ser feliz por encima de cualquier cosa en la vida. La meta es el éxito, así que si quieres lograr ser exitoso, siempre debes ser tú mismo y vivir en armonía, para que siempre seas feliz.