Recuerdo tu mirada penetrante que al posarse inalterablemente en mí, puede describir con facilidad lo que no eres capaz de expresar con tus palabras. Pienso en aquellos labios que me susurran sugiriendo derretirme en su miel, tan suave como dulce y tan embriagante como adictiva. Tus pasos seductores, el aroma furtiva de tu piel, tus caricias delirantes y la fragilidad hechizante de tu feminismo.
Intento sacarte de mis pensamientos un solo e intangible segundo, pero vuelves a mí. Me fundo en el recuerdo vivo de tu esencia, sueño con abrazar tu calidez ignota y bañarme de tus besos, luego arroparme con la severidad de tu euforia y en las noches abrigarme y cobijarme de la pulcritud y sensualidad desmesurada de tu cuerpo...
Sujeto a ti con la fuerza del magnetismo entre dos imanes de polos opuestos, en mi ser solo cabe tu presencia, me siento adherido a ti, como si una fuerza externa volviera motriz mi corazón solo para que sus latidos vibraran al compás de tu respiración.
Y los acordes líricos de tu voz, armónica melodía que me expresa que me ama, que me siente dentro y que resuenan en lo más profundo de mi interior, me hacen sentir que tengo vida eterna, porque donde tus palabras llegan, no falta un día, ni una hora, ni un minuto, ni un segundo; estoy lleno, complacido en ti, me siento completo, único, interminable e inamovible.
Mi nombre es Sueño, el tuyo es Música...