lunes, 10 de noviembre de 2014

El silencio de un adiós…

Hoy de nuevo he conocido,
Que el tiempo y el destino,
En mi vida, hacen el camino,
Que quizás he merecido.

Tantos días, muchas penas,
Tantas noches que me ciegan;
Cuantos versos, pocos besos
Más silencio que canción…

De recuerdos y palabras,
Vive en ti: mi admiración.
Decepciones y excusas que he escuchado:
También vienen de ti, adoración.

Hoy no queda más remedio,
Que decir algo con suprema osadía:
Adiós, hoy me despido,
Despiadada dama mía…

A una efímera melodía de mujer que plantó en mí la decepción…

domingo, 9 de noviembre de 2014

Tu nombre, mi canción…

Deshojando versos a son de una canción
Entablando sueños con peldaños de suspiros
Dibujando miradas y sonrisas, con pasión
Ahogando el llanto, olvidando los rencores…

Dueño soy de esta noche plena
En que una dama llega a acelerar mi palpitar
Risueño y entregado pero sin pena
Comienza el juego y continuará sin remediar.

Dulce mirada, niña inocente de sonrisa seductora
Tierna al sentir, precisa al hablar
Mente de encanto con cuerpo de ensueño
Que como un volcán al abrazarme me haces temblar…

Dama de la noche que el tiempo susurró
Viuda de un pasado que su mirada reveló
Poseedora de mi eterna admiración
Que hasta en su nombre el cielo suspiró…

A una hermosa doncella en una noche plena de encanto.

Promesas de luna (Prólogo)

Develando esencias,
ya siento el calor de tu piel;
dulce aroma que tibia mis sentidos
la calma que adormece mis recuerdos...

A un lado de ti,
sobre la cama del deseo,
borras la culpa.

Una bella luna,
ingiere mis sueños en tu almohada,
desnuda sobre un hada
esa tenue luz me grita de repente:

Aleja de mi todo aquello
que perturba mi mente
que este silencio a mi traiga
lo que el viento se llevó...


domingo, 2 de noviembre de 2014

Y en la noche cumples veinticuatro…

Brujas, hechiceros, calabazas y un dragón.
En la noche veo trazas,
De una antigua tradición…

Vampiros, duendes y princesas
Que celebran con pasión
Y yo, que te recuerdo, dulce miel
Al endulzarme el corazón…

Veinte años y cuatro más
Son las lunas que me hacen recordar
Que en tu cielo, dama mía
Yo tenía que morar…

He vuelto a extrañarte
Doncella de la noche de los muertos
Porque dabas vida a mi silencio
Y cordura a mi locura

Veinticuatro son los años
Que el tiempo se llevó
Son la duda y el tormento
Que el destino en mí dejó…

Felices 24, ésta siempre fue tu noche, dama eterna que en mí vives…

En memoria de Paola Santander Cárdenas

Juan David M. A.

martes, 21 de octubre de 2014

Un día más, una noche menos...

De hace días, que frente a una pantalla no me sentaba a despilfarrar sentimientos, verborrea de tantos sueños, tantos "te quiero" de pocas alegrías, de bardos momentos con sinceras caricias, con abrazos de anhelos y sonidos de miel en los labios al besar...
Así hoy, deshilvano lo que a mi alma toca, a trazos de mis dedos, a pasos de un latente corazón que solitario, aún lleno de ilusión, de un "podría convertirse", de un llamado a la pasión...
Noche es hoy, que de ti se adueña, que a mí, me toma, que por ti suspiro y que sin ti, yo muero.
Arma que condena mi silencio, doncella encantadora y misteriosa que ostentas lo que eres, que sufres sin mostrar, que aparentas y no aceptas, que callas y no esperas...
En esto hoy se convirtió mi día, en pensamientos a son de tu nombre, en miradas a gotas de ti, que transforman un crudo sentimiento en una vivaz esperanza; convertir el invierno en primavera y ver crecer, darle alimento, para luego vivir de él. Un hermoso y cálido, tan grande y soñado sentimiento.

Un día más que pasa, una noche menos para estar a tu lado, tiempo que sigo sin verte, no sé cuánto más he de esperar, para al fin poder hallar ese momento, en que tu mirada se coma mis labios, que mi silencio se vuelvan canciones, que tu ausencia se llegue en abrazos, caricias y amor... Hay una intención inocente, no temas, quiero hacer las cosas bien, toma mi mano, sígueme!... Jamás he pretendido lastimarte, creo que no lo he hecho jamás. Dame la oportunidad de mostrarme ante ti y de conocer todo de ti, tus anhelos, tus miedos, tus sueños...
Quiero que la noche se haga eterna cuando estás conmigo, quiero que el día pase a tal velocidad, que me permita ver tu nombre en el rápido palpitar de mi corazón, cuando se acerca la hora de que llegues hasta donde estoy, como alguna vez llegaste y nos conocimos sin pensar en cómo pudo ocurrir... Solo sucedió, como suceden las mejores cosas de la vida.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Renacer de las cenizas


He hecho de ti mis pesadillas cada noche,
Me busco, de verdad trato de encontrarme y no me hallo,
Mis silencios son orgullo y vanidad;
Los tuyos son calma y son sosiego.

He tornado mis tristezas en retratos de tu sombra,
He anotado las promesas que hicimos una vez.
He renacido de los escombros y cenizas,
Ahora mis ojos brillan tras la luz de otro palpitar...

martes, 2 de septiembre de 2014

Luna...

Tartamudeará la luna con el canto de las estrellas,
Que de frío visten sus largas cabelleras...
Esconderá en su lecho,
Recuerdos de amor que la vida suspiró.

Olas de miradas, toneladas de caricias,
Bocanadas de sabor que en tus labios fascinó.
Amalgama de placeres, atiéndeme en los brazos,
Amame en tus sueños, que la noche cautivó.

Testigo tú has sido de la pura perfección:
Has sido noche, has sido encanto,
has sido verbo que en la noche ocurrió;
Has sido abrigo, has sido sueño, que en tus ojos despertó.

Desata mi locura,
Cálmame el rencor.
Dóname una vida,
Que me devuelva el corazón...

En una inspiración nocturna en la que reclamo a la luna los rezagos de mi amor...

jueves, 21 de agosto de 2014

El beso de Lucifer

Una fría noche que cabizbajo y nauseabundo en mi mundo yo me hallo, como aquel lacayo al que no han hecho más que daño; frío, paseando por la senda del abismo, ¡oh! perplejo aquel reflejo, que ardiente entre sombras, ¡tinieblas puras que del mal me escondan! Ahí, junto a aquella barrera de cemento y en la acera, parado estaba con su larga cabellera. Con sus ojos rojos y su piel de hielo, cola larga y tez de acero. Con su mirada señalaba aquella aura que de mí soñaba, ¡quiero tu alma canalla! y de pie me ensaya.

Asustado y en lamentos, con fijo repaso y de sed, me paso. No tengo más respuesta ante esa vil presencia que a su juicio dejar mi sentencia:

Conforme a tu ira que desatas,
Tus palabras rotas
Y mi vida que a gotas,
Poco a poco desbaratas.

No hay afán,
Cuando una eternidad se pretende…
Un instante, entiende
Tu maldito plan…

Mis palabras no acepta y en cambio poco a poco se me acerca, como aquel camino que el viento ha recorrido, en los días y en los años, en el tiempo y lo vivido.

Grande boca y afilados dientes, que entre más penetran, más los sientes. Otro testigo mudo de aquel momento, donde no hay razón ni hay sentimiento, de frente mira al brutal impío como siervo descortés, como aquel que no ha cumplido sino las cosas al revés… ¡¿Por qué osas, atrevido! A hacerte el bandido? Juez yo soy, de tu juicio y aquí estoy. Con mis ojos abiertos y la boca no me cierra, veo aquel regaño, tan benigno a mi daño:

Cuando analizo y reconozco,
El problema plenamente,
Es ya, seguramente,
Parte de la solución...

¡Apártate maldito!
Tus servicios no me sirven,
Que tus ojos no me engañen,
¡No eres nada más que un mito!

Como una sombra que alumbrada desaparece, la pesadilla se hizo sueño, el peor que él merece… En el espacio y en el cielo, más oscuro que el infierno, su alma condenada a un gran abismo eterno. Ahora solos él  yo, libres de su sirviente mi verdugo, anda contra la corriente con su yugo. Deposita en mi mejilla un claro beso más ardiente que una parrilla…

¡Oh Dios, es Lucifer!
Con su amarga cortesía,
De la más dulce poesía,
¿Quién se puede abstener?

¡Es una bendita maldición!
Como cuando amas y no hallas,
O como ser amado y tú callas,
¡Esa maldita sensación!



La indiferencia mata más que las malas acciones…

Haber recibido un beso y un abrazo, tan falsos como el lazo entre un te quiero y un “madrazo”, ha sido la más amarga de las luchas entre Lucifer y las musas, muchas, en el día de ayer.

A la memoria de Salomé Domínguez, la más fiel ternura del terror…

Dulce suspiro...

Entre miradas y suspenso,
Con gotas de ternura y sabor,
Miraban mis ojos a tus labios
Y tu alma quería tocar mi corazón…

En esa noche invernal pero cálida,
En que Septiembre estaba enamorado,
Yo veía en tu silencio, mi locura
Y en una palabra tuya, el color más suave y bello…

Reíamos y de las sombras sobre los cristales húmedos,
Caricias sinceras e inocentes hacíamos;
Hermosos tus ojos verdes
Que miraban más allá de mí…

Hasta el hondo palpitar de un alma hipnotizada
Dulce suspiro,
Que en mí te haces canción
Eterno soñar,
Que me regalaste la más tierna nota musical…

En memoria de Paola S. C.

Déjame ser...

No quiero ser en tu vida un dibujo, la esencia de una imagen que se desliza en las sombras de tu presencia y se desvanece en la profundidad de tus pensamientos. Déjame ser, déjame brindarte un suspiro, pienso en ti como cada día y ya no tengo más palabras con qué pedirle a la luna un consejo; ese ápice trasciende en lo infinito, provocas fuego, sensación, calma y miedo…

Me convierto en ecos de tu ser, esa mirada que se fija en otro horizonte, esas palabras que son viento de lamentos soplando la tristeza que ilumina un viejo y olvidado corazón y un susurro que con su fuego helado pero ardiente quema la cruda desesperación; qué has hecho de mi otra vez? Con qué calma me pides que te bese? Con qué dignidad vienes y tratas de quebrantar mi orgullo?

Déjame ser, que si ayer para mí eras placer, en dolor el placer hoy se convierte y si de placeres vivía, de dolores moriré, porque si en todos encuentro el significado de un estigma en el alma y en el honor una mancha es mejor morir ganando que vivir estando perdido, olvidado, fracasado y frustrado.

Desaparece la vista de mí, de mis fantasías, de mis sueños y de mis eclipses; me espera otra vida que disfrutar, el sentir para vivir, el amanecer en el brazo del gusto, el mimo de la prosperidad, la dicha de una calma por tanto anhelada… Faltará emoción, locura, travesura, diversión y picardía, pero quien dijo que lo planeado es capullo? Fruto bendito que de él sale con el tiempo… Y qué de ti? Seguro habrás salido también del tuyo…

De ti hoy me despido, Olvido es tu nombre y el mío: Sueño.

A una pesadilla que se desechó hace ya algún tiempo...

A besos de ti

Hoy de nuevo aprendí,
Que mi mundo es tu mirada,
Y que tu risa es la locura,
A besos de mi amada,
Pierdo la cordura…

Que solo soy un soñador,
Que muda versos,
Que hace poesía a son de ti,
Que tus labios le dan vida,
Y que la noche es frenesí.

Aprendí que soy un alma encantada,
En un corazón que arde a bocanadas.
Que el chocolate sabe a dulce,
Porque en tus labios lo puse.

A besos de ti suspiro,
A besos del tiempo muero,
A besos de ti revivo,
Sólo, a besos de ti…

A Dani Zamora, que envuelve con su magia todo mi vigor…

Cantata das ninfas

Con su mirada tan honda
Y sus fibras tan tensas,
Su mirada profunda
Y en noches dispersas…

De su risa, suspiros.
De sus largos cabellos, mi vida.
En sus palabras latentes,
El brillo en mis ojos…

Un sueño en un llanto,
La calma en la brisa;
Mi dueño un espanto,
Con una malvada sonrisa…

¡Así es, oh destino, mi sueño!
Así el mar en el que me condeno,
Que por un lado, paraíso,
No es más que un hechizo.

A un espectro perverso que quiso adentrarme en su magia

En tu cielo

Veintidós estrellas en tu cielo y una más conque te acompaño tristemente.

Feliz cumpleaños para ti en este mohíno Halloween para mí...

Ahora sería un monólogo del tiempo, más no de la distancia, porque me acompañas en mis días, en los más claros y también en los oscuros. En los primeros eres la luz, en los segundos eres mi apoyo para no tropezar. Guías mi camino incesantemente, sé que me acaricia el viento en tu nombre y en él un susurro he colocado para ti, para que bese la esencia de tu espíritu desbordante de luz blanca y cálida.

Olvidé mi memoria, creo haberla dejado en tus recuerdos... Y tus recuerdos moran en mis sueños. ¿Sabes? Te agradezco tanto que me hayas ayudado a encontrar en mi camino a una persona tan importante en mi vida, como tú lo fuiste, lo eres y lo seguirás siendo. Recuerdo tantas cosas amor, tantos momentos felices, nunca tuve nada malo que decir de ti… Eras el sol en mis días, eras la luna en mis noches y la frescura del viento. Eras todos los pétalos que caían sobre mí en otoño. Y ahora eres mi ángel protector, mis pasos incansables hacia la felicidad, el motor del amor que puedo brindar a una nueva persona especial que se adueñó de mi corazón. Te juro que tu muerte no será en vano, que todo lo que de ti aprendí ha quedado grabado con fuego en mi corazón, que mi alma, un poco de ella se quedó contigo para que me recuerdes siempre pero que la tuya la siento tan adentro como en aquel ayer en que andábamos por las calles vecinas de mi barrio, ondulando tus cabellos tan hermosos rodeando esos ojos de mar y de cielo.

Hace unos días comencé a escribirte esta carta post-mortem, el día de tu cumpleaños, ese día aunque fue triste, pude seguir con mis cometidos, me había hecho más fuerte y tu valor me había dado impulsos para llevar una vida normal. Quise dedicarte un día muy feliz, ten por seguro que en tu honor lo hice. Sin embargo, quise esperar a terminarla cuando hubiera una razón más bella qué comunicarte. Ahora la tengo, me siento feliz y pleno porque sé que tu amor es tan grande que eres feliz en el cielo, junto a Dios, por verme eufórico en la tierra, descubriendo una nueva alma noble y bella que ahora está conmigo. Te la presento gratamente, es mi novia Dani, sé que la conoces bien porque te he hablado mucho de ella. Me encanta que te agrade y quiero que sepas que es incomparable también…

... Y tú, revoloteando de nuevo en los versos inaugurales, más sinceros de mis noches, quiero que sepas que no te olvidaré jamás, que eres el viento que respiro y que tu amor me hace grande aún después de que hace tres años no te tengo junto a mí, pero sí conmigo…

¡Siempre te amaré!

A Paola S. C. En su cumpleaños 22 que lo pasó en el cielo, hace tres años junto a Dios

Hombre de la mirada triste

Con cada letra que escribo,
O cada palabra que digo,
Siento el dolor latente,
Como la mordida de una serpiente.

Hoy me pongo en tus zapatos,
No creas que no lo he pensado,
Que tus días no son baratos,
Ni los míos, te he confesado.

Hombre de la mirada triste,
De la furia opacadora;
Entonces, ¿por qué lo hiciste?
Consigue un alma purificadora.

Hombre de la sonrisa ajena
Dueño del rencor
Corre sobre la arena
Y siéntete mejor…

Consejos desde el fondo

Ganando al Póker a la muerte

Todos nos preguntábamos qué hacíamos ahí y no temíamos que un vistazo iba a convertirse en una lóbrega noche donde no hay sino un oscuro temor…

Lo que queríamos era buscar aquel libro, el que una vez se supo perdido en las profundidades del pozo artesiano Cella de la ciudad de Teruel al sur de Aragón que fue construido en el siglo XIII, pasando por la ciudad de Brujas (Suficientemente lejos) en donde se dice que nunca pudo ser mojado, incluso al pertenecer al fondo del pozo y ahora en la ciudad de Bruselas en el viejo cementerio.

Aterrados pero decididos, al frente de las viejas y aún blancas paredes del antiguo cementerio en la ciudad de Bruselas, estábamos ahí los cuatro; en la fría noche en que sopla el viento.

Tratamos de entrar forcejeando con la pesada y rechinante puerta metálica, escoltada por ángeles blancos de barro a cada lado y un gran candado que unía una larga y gruesa cadena oxidada. Entramos con un temor de esos que hacen suponer que eres perseguido; comenzamos a caminar por el lado de las lápidas tarjadas y ya con telarañas, el piso estaba partido como si se hubiera tratado de abrir la tierra; en algunos pasillos colgaban guirnaldas marchitas de las grandes cruces sobre las tumbas en que yacían varios cuerpos renacentistas y de edades más próximas; la oscuridad casi no dejaba ver ni el camino, ni a mis tres compañeros: Sara, Nickson y Andrew. Por fin entramos a la añeja torre, allí, había un aspecto extraño, como si se tratara de cofradías que venían constantes a reunirse a ese sitio. Cortinas blancas y muy grandes rodeando una gran mesa. Al lado, unos cuantos huesos, calaveras y poca luz, repisas con polvo, frascos y grandes pentagramas pintados en el piso de esa negra habitación.

No había tiempo qué perder, teníamos que buscar aquello por lo que habíamos ido y salir de inmediato. Comenzamos a escudriñar todo a nuestro paso, sobretodo unos grandes baúles que contenían varios documentos, dibujos y fotos de personas que al parecer yacían bajo las tumbas foráneas de aquella torre que más bien parecía una gran iglesia por sus grandes dimensiones.

-¡Bingo! – Escuchamos gritar, cuando Nick encontró un gran libro de pasta negra y hojas veteranas y arrugadas con grandes ilustraciones de la más clara hechicería.
Yo no sé por qué yo estaba ahí… La verdad estos temas no me interesaban, sin embargo cuando me di cuenta andaba esperando con ellos tras las rejas y por ello resulté dentro.

El libro dejaba buenas cantidades de polvo cada vez que se pasaba una hoja, sentía cómo estornudaban mis amigos cerca a él y cómo lo miraban fijamente mientras trataban de descifrar el contenido teórico plasmado en él. De pronto Nick sacó una carta que yo había escrito para él hace algún tiempo, recordé de inmediato que estábamos allí debido a la respuesta que me había dado, también por escrito. Comparó algunas de las frases que le escribí y coincidían con la traducción del libro. Yo no tenía idea, más sí, el más grande asombro…

Y tal vez aquellas palabras escritas fueron las últimas que leyó de mí
Y tal vez aquellas palabras leídas fueron las últimas que escribió para mí...
Apenas terminó de leer vimos un gran resplandor. Sara le rogaba que dejara el libro y que nos fuéramos de allí pero el poder que lo atraía era superior y yo cada vez me sentía más mal. Andrew intentaba quitarlo a la fuerza pero un solo toque de Nick hizo que Andrew volara por el recinto hasta quebrar las gigantescas ventanas de colores, cual iglesia. De repente aquel resplandor hizo ver una presencia oscura que amenazaba a Nick con una gran guadaña que se notaba afilada…

Si todas las cosas empezaran y terminaran como nosotros queremos, la vida tendría gracia pero no emoción.
… Y aunque ésta era una aventura bastante emocionante, también se había convertido en algo peligroso. Ambientándonos en las profundidades del perímetro, tratábamos de buscar cómo o con qué ayudarlo pero fue imposible; de un momento a otro su cuerpo desapareció como si lo hubiésemos llevado a enterrar allí mismo.

De inmediato corrí a abrir la puerta cuya chapa, al parecer se había quedado trabada luego de entrar. Rompí el resto de ventanas y logramos salir de la torre cayendo acostados en algunos de los sepulcros de afuera. Al incorporarnos nuevamente, asustados por la magnánima fuerza del terror, huimos interrogativos por aquel pasillo de tumbas, cruces y guirnaldas. No lograba ver el camino muy bien, la noche era fría y muy oscura y por ello trataba de encender una linterna que traía conmigo. Cuando lo hice, al frente, junto a la puerta, logré percibir una anticuada bicicleta y un hombre arcaico y delgado al lado. Era tanto el temor que no nos paramos a ver quién o qué era, sino que salimos del cementerio sin libro y sin Nick pasadas las doce de la noche.

Hurgamos entre los libros de Sara para tratar de saber qué había sucedido; encontramos un pasaje sobre hechicería que hablaba del libro y nos mostraba que toda persona que tuviese algo de maldad en su interior y tocara el libro, iba a ser probada por la muerte en un limbo de donde podría salir únicamente cuando venciera sus temores frente a ella. Sus acompañantes solo podrían ser salvos con el “Ritual de la luna oscura” o de lo contrario, la muerte vendría también por ellos, a juzgar sus penas. Según los libros de Sara, sólo un hombre había sido capaz de tal Azaña y no era más que el guardián de un viejo cementerio de la ciudad de Bruselas…

El ritual de la luna oscura, consiste básicamente en hacer el amor sobre un pentagrama, a la luz negra de la luna en la fría noche en que sopla el viento. Así que no teníamos más noche, ni más luna, ni era más fría, que ahora mismo...

Recordé que Nickson, cuando me respondió la carta, me dijo que un día encontraría la manera de no temer a la muerte, que un día “jugaría al Póker” con ella y ganaría. Esta era su oportunidad para demostrarlo y la de nosotros de salvar nuestra alma en una apasionada y espeluznante noche en que Sara se encargaría de proteger a Andrew y ampararme también.

Cuando todo acabó, el cielo se llenó de Luz y yo desperté con la fatiga, como si en realidad hubiese estado esa noche en el viejo cementerio de Bruselas con tres personajes que no conozco en la vida real, en un lugar que no conozco en la vida real pero lo que me deja más atónito es que tengo en mis manos el libro del que nunca había escuchado hablar en la vida real…

A un Póker de ases que se convirtió de un sueño macabro en una terrorífica historia.

Inmortalidad

Frente a mí, con cálida mirada, veías en mis ojos la amargura y a la vez satisfacción... Acariciar tu tez tan blanca era hermoso, pero ver la palidez bajo ella, estremecía mis lamentos. Mirabas fija y pausadamente mi rostro y recorrías con tus dedos mis labios. En ese momento te acercaste a mí con un beso penetrantemente excepcional, porque llegó a tocar hasta las fibras más profundas de mi ser, dejaste tu alma grabada en mi corazón. Al tocar tu rostro, noté que bajo aquella decoloración extraña que veía en él, se encontraba una muy baja temperatura. Estabas helada completamente, pero te veías tan llena de energía que una cosa contrarrestaba a la otra. Era complicado entender por qué no tiritabas de frío como lo hacen las estrellas cuando les falta tu calor…

De repente, comencé a mover mis dedos por tu cuello y de blancos que son, noté el rojo carmesí, que líquido corría sobre ellos; un impulso incontrolado por ver qué había en tu piel, hacía que quisiera solamente llevar mi dedo sangrado a la boca y rozar los labios, sintiendo esa miel pura que es tu fluido vital.

Cuando dejé de saborear tu linaje, tomé tu rostro de hielo y suavemente, entre las rosas rojas de aquella blanca habitación, te llevé a recostarte en mi hombro, aprecié aquellos orificios rojos y no podía comprender por qué estaban ahí; acaso, qué habías hecho o quién lo había hecho, cómo, cuándo, por qué… Tus ojos de fuego, hermosos y expresivos como siempre, me dijeron que no buscara culpables cuando recaía el pecado inadvertido sobre mí. Tus colmillos largos me dijeron que te había dado vida eterna…

Tus caricias, tan dulces y tan tiernas… Me tomaste con fuerza tan descomunal que parecías arrancar de mí el sufrimiento por hacerte parte de mi eternidad… Cuando lo hice, no vi el pecado en quererte a mi lado para siempre. ¿Vida eterna? Pero qué fascinación que exista, pero qué ingrato será apoderarse de una eternidad, personas mueren y tú ves llegar la hora de partida de todos tus seres queridos y de sus hijos y de los hijos de sus hijos. El dolor consiste en estar condenados a divagar por un mundo mutable que cada día se transforma en una jungla de cemento en la que se destruye nuestro hogar y mueren de hambre y desolación.

Me miro en el espejo y no veo más que la pared del fondo, mi rostro ahora no está porque se halla perdido en las montañas del tiempo. ¡Oh Dios!, padre santo que a ti nunca quise renunciar, ¿qué es lo que he hecho? Si yo estaba condenado a morar eternamente en una realidad petrificante, hubiera preferido vivir con mi reflejo y que mi amada tuviera la suerte de saberme cálido y lleno de amor. Ahora la he convertido, ha transmutado como la dueña de mis días sin sueño, porque nunca más dormiremos, la he condenado a estar junto a mí y a que viva lo que yo viviré por los siglos de los siglos. Porque en mi mundo la soñé para siempre, para toda una vida, pero fue tan fuerte el amor, que el egoísmo me dijo que la quería no para una vida, sino para una eternidad. Amada mía, perdóname por condenarte a vivir junto a mí en la infinitud de los tiempos, a quererte con la magnitud de un ser sobrenatural, porque en eso nos hemos convertido.

Siento ahora en mi rostro el hielo, miro mis manos y en ellas veo la línea de la  vida… Se quedó sin fin y aún así es como una grande cicatriz que borra las heridas de las otras líneas y se hace fuerte… Tartamudeará el viento a son de tus labios y se esculpirán monumentos en tu nombre, alma inmortal que clemente o piadosa, en mis noches de plenilunio combatimos feroces enemigos; hoy que he puesto mis labios en tu piel, no me queda más castigo hermoso que dejarme amar, muriendo enamorado, emanando de tus sueños pulcritud, procreando esencia, limando asperezas, evadiendo rencores, aboliendo el sufrimiento…

¡Así te soñé Dama de la noche plena!, dulce encanto eterno que en mí has de posar tus delicadas manos para decirme “Jamás te dejaré”, pintas en mí, más que el recuerdo de los sueños, veo una hermosa vida y tan llena de magia que hasta los más bellos pájaros quisieran su frondoso y enérgico color.

A un sueño de eternidad, cubriendo la agonía de la infinitud con el encanto de un amor puro…

Margoth

Con su sonrisa viva
Y su mirada de fuego
La más dulce diva
Comienza su juego.

Papeles, metales
Taciturna en una mesa
De grandes cristales
Y del mal, presa.

Enfocado en esa figura
Vi el miedo en sus ojos
Supe: “No tiene cura”
Ni yo, de sonrojos.

Osado me atreví
- Quieres un café? - Le pregunté -
- Preocupada te vi
Y su mano acaricié

Honda es la pena
Y amargo el dolor,
Que si herida me frena
Anulado queda mi honor

No temas, no huyas,
recuerda y enfrenta,
esas melancolías tuyas
y salda tu cuenta.

Una noche y un llanto
Un hombre, mi encanto
Una cena y un beso
Una luna y de mí, preso

En pocas palabras
Y en buen gesto
Noches macabras
Dios, ¡¿qué es esto?!

Perdona señor la ira, si se nota
Y también el complot
Pues aunque la confianza está rota
La amo, ¡Amo a Margoth!

En memoria de la mayor traición que hicieron a un gran amigo…

Quisiera...

Quisiera que el viento nuevamente me trajera tu nombre
Y que con él, tu sonrisa viniera;
Quisiera que fuera tan ardiente el calor,
En una noche donde tu fuego provocara mi sudor...

Quisiera que la luna que se mece de noche sobre mi cama
Reflejara tu rostro en mi corazón hasta el amanecer
Que con los ojos pudiera, los del alma,
Mirar con ternura, de ti, florecer...

Quisiera que el mundo que llevas por dentro
Fueran solamente jardines de frondosos colores
Así, en ellos jugaríamos siempre al soplar del viento
Y te besaría inconscientemente encontrando nuevos sabores.

Para ti mi amor, mi hermosa Dani, dulce nombre que me cura…

Regálame...

Regálame una sonrisa a cambio de un beso y un susurro a cambio de mi amor. 
Regálame un abrazo y a cambio te daré caricias con dosis implacables de ternura. 
Regálame tu corazón y en cada verso que pronuncie hacia mí, se llevará un poquito de mi alma porque a cambio te la doy, si la quieres... 

Regálame un sueño, en donde sea yo tu anfitrión y donde nos aplaste el peso de un sentimiento bello y fuerte, tan grande que no podamos escapar.
Regálame un refugio de ti, donde tus labios sean el agua de la vida que escalé para encontrar. 
Regálame tu sombra, pues puesta en mi pared, se hará una con la mía y fundidos los dos, te mostraré el origen de toda la poesía y las raíces de las flores que crecen en mi campo sólo para ti...

Eres el sueño que emerge de mi ser, que se hizo realidad para cambiar mi realidad...

Simplemente...

Tras una mirada turbia
Y una sonrisa pícara,
Te empeñas simplemente,
En provocarme sin quererme.

Con tu presencia solo quiero,
Ser un verso en primavera,
Que se adhiera a tu piel
Y simplemente que me ames…

Algunas noches junto a ti
Y ni un momento para dos.
Haces de mi delirio un delito,
Que simplemente no me cabe.

Quisiera tus labios de fuego
Y tu mente en el olvido,
Para que simplemente no pienses,
En irte nunca más…

Eres la reina de los corazones rotos:
La más bella diva,
Que simplemente a todos cautiva,
Como la flor que crece una vez al año.

Tu figura tan esbelta
Y ese lindo rostro;
Soñar simplemente no es pecado,
Si se trata del más precioso de los ángeles.

Belleza perversa que en mí provocas,
Una extraña sensación:
Mientras que por un lado quisiera amarte,
Simplemente siento decepción.

Aquella que todos han abrigado,
Estando hechizados por tu encanto;
Pero que luego simplemente,
Se dan cuenta de la cruda realidad…

Para una apasionante decepción.

Sintiendo en silencio...

Regálame un pedazo de ti:
Tu mirada o tu cordura,
Porque con ambas,
Puedo salir de la locura…

Suéñame en un recuerdo de ti,
Porque en tu visión,
Sabrás con que fascinación,
Te ansío…

Quiéreme con una pequeña parte de ti,
En ese silencio que se hace candente
Y tartamudeará el color de las rosas,
Cuando grite tu nombre.

Quiéreme tan sólo un poco
De lo que yo a ti,
Y entonces seré el hombre más amado
Sobre la faz de la tierra.

Siénteme, suéñame y quiéreme
Que en ti me tienes

Para una mirada a gotas cuando se hace mar.

Tan cerca de la locura

Estoy tan cerca de la locura
y tan lejos del amor,
que a la primera llego a pie
y a la segunda ni con motor.

Extraño un verso,
que en ti se hizo canción;
y las palabras que dijiste
"tocaste mi corazón"...

Fue una noche de Agosto,
Una fría aliada como hoy,
que sin llanto, ni penas
ni temores, recordando estoy...

En aquella, las palabras volaban
esa luz viajaba entre tu mirada y la mía
los abrazos eran brasas
y entre nosotros las caricias vivían.

Hoy eres un gran recuerdo alegre
de triste inspiración,
que de penas tan hondas y con sangre
me llenan de terrible frustración...

No es tu culpa ni la mía
sino del destino y de la vida
de la rutina del tiempo y del espacio
y de un corazón que late despacio.

A una pena que sigue estando atrapada…

Transmigración

Del alba que estremeces en lamentos,
sollozos del destino.
Mudos, ciegos, son tormentos,
de un aliento fino.

Abrumadora oscuridad
que poseída entre sombras,
cristales rotos, vanidad:
¡Ahora te asombras!

Una viva luz que de ti florece
Y que en mí ciega,
Encarna y crece
Un alma llega…

Opacado de silencio
Y perpetuo ante tu figura,
Anonadado me sentencio
Y próximo a la sepultura.

En el miedo me declaro
Por un oscuro espectro
Por ver no hay que pagar, aclaro
Así que veo luz adentro.

A un silencio que enmudeció mi aliento…

Y así, sucesivamente...

Hoy de nuevo precisas
Aparecer en mi mente,
Como una luz que corre fugaz,
O como un ave rapaz
Y así, sucesivamente…

Me miras
Y yo me estremezco en tus ojos
Me sonríes
Y yo me deslizo en tus labios
Y así, sucesivamente…

Mientras me besas, me aprietas
Y mientras te aprieto, suspiro
Y cuando retornas, persigo
Y así, sucesivamente…

Un cálido alivio,
Un lucero tibio,
Y con una palabra no quiero ser,
Sino el silencio que escucha
Y el sueño del triste
Y la esperanza de antaño
Y así, sucesivamente…

Una caricia al viento,
Un soplo desprevenidamente,
Un gesto en un cuento
Y así, sucesivamente…

Dedicado a una persona especial que sigue viviendo en mis recuerdos, en mis sueños y en mi vida…

jueves, 14 de agosto de 2014

Comenzando a plasmar un sentimiento... (Novela - Capítulo 1)

Todos los días conducía motivado hacia la universidad. Si bien, mi carrera era importante, lo era más la necesidad creciente de verla…

Ambicioso de visión, aunque corto de lo mismo, siempre traté de ubicarme unos cuantos puestos diagonal a Jessica, me encantaba mirar cómo se movía, cómo hablaba, como reía, cómo suspiraba y hasta cómo leía algunos folios que cargaba para estudiar (…)

Era martes en la mañana y tenía de nuevo clase de matemáticas con el profesor Augusto Sarmiento; si bien, para los ingenieros es importante esta materia, también es cierto que no por ello deja de ser aburrida y más aún, cuando la mujer de tus sueños ha tomado la materia contigo y por ende nunca deja que te concentres como es debido.

– ¿Podría repetirme lo que acabo de decir, señor Franco? – Me preguntó el profesor en señal de desatención

– Lo… Lo siento profesor – gagueé al percatarme del llamado –, no me siento muy bien – Respondí un poco apenado

– Sabe que en cualquier momento puede salir y tomar un descanso ó quizás, ir a la enfermería de la facultad…

– Gracias profesor, lo tendré muy en cuenta.

Al terminar la clase sentí un gran alivio, no solo por haberme quedado dormido con los ojos abiertos, pensando en lo magnífico que podría ser congeniar con Jessica, sino también, porque no había podido entender nada aquel día, precisamente por el mismo motivo.

Tenía algunas otras clases, así que no debía tomar mi auto e ir directo a mi casa, como lo quería, sino que programé almorzar y regresar a la facultad. Lo que no sabía, era que el hecho de permanecer allí, iba cambiar el rumbo de varias circunstancias en mi vida…

– Hola John – Me saludó aquella chica de mirada viva, carita de ángel, sonrisa bohemia y cuerpo de diosa

– ¡Hola Jessica! – respondí asombrado, asustado tal vez por el inesperado encuentro y por lo bella que puede llegar a ser la vida con nosotros.

– Siento lo que sucedió en clase, Sarmiento a ratos espanta

– Sí, aunque es una buena persona y un buen maestro, esta vez, reconozco que la culpa fue mía…

– Y es que… ¿Te sucede algo, te puedo ayudar? – Preguntó atañida con mi respuesta

Si ella supiera, si tan solo hubiera imaginado en ese momento que era el mal de mis delirios, tal vez se hubiese abstenido de preguntar, tal y como yo lo hice de responder

– Solo fue un mareo, me sentía algo extraño…

– Espero que no sea nada grave. John quería proponerte que hiciéramos juntos la ponencia histórica, ¿te parece? O acaso ¿ya tienes un grupo con el cuál hacerla?

¡Demonios! Esta era una gran oportunidad, pensé que al aprovechar la ocasión podríamos comenzar a salir, luego conocernos bien durante un tiempo y poder contraer algo serio. Yo era de aquella casta conservadora a la que le interesaba una persona con la cuál vivir toda la vida, casarse, tener hijos, todas esas cosas. Tal vez algo de conquista a la antigua no vendría mal para una sociedad en la que se ha perdido el sentido de la pareja como debe ser…

– Cuenta con ello, Jessica, aún no tenía grupo y de hecho, pensaba proponerte lo mismo en cuanto te viera.

– De acuerdo, hoy no podré trabajar, pero podríamos vernos mañana

– Claro que sí, dime tu dirección y yo la apunto para recogerte a las 3, ¿estás de acuerdo?

– ¡Perfecto! Esa hora estará muy bien, recuerda llevar tu Laptop, mi computadora se ha averiado

– De acuerdo, ahí nos veremos – Le dije a Jessica, al tiempo que guardé un papel viejo y arrugado en que anoté su domicilio. – Y… No te preocupes, arreglaremos tu compu.

Nos despedimos de beso en la mejilla, simplemente no podía creer que esto estuviese sucediendo de verdad. Ella era una chica que parecía muy pretenciosa, pero en realidad, podía ver en sus ojos, la calidez de una niña con ganas de conocer el mundo.

El resto de tarde transcurrió como es normal, estuve en otras clases, en las que pude enfocarme mejor. Al salir de la universidad, me encontré con el profesor Augusto…

– Señor Augusto, quería ofrecerle una disculpa – Dije sin dudarlo

– No te preocupes John, siempre has sido un estudiante ejemplar, esas cosas suceden, en especial cuando hay en clase, alguien de tu interés…

– Pe… Pero, ¿cómo lo sabe señor Sarmiento? La verdad me apena mucho que mi rendimiento se esté afectando

– No tienes por qué apenarte, he notado que tu mirada se concentra en la señorita Dimitri, cada clase es lo mismo, es normal; solo te pido que intentes alejar tus emociones de tus deberes, poco a poco, aún nada se ha perdido…

– De veras que lo siento mucho profesor, lo intentaré, se lo prometo

Me asombró mucho la perspicacia de mi maestro de Matemáticas, es muy cierto aquello que dicen sobre la experiencia. Una persona con experiencia, no necesita saber qué dices o qué haces para saber qué es lo que estás pensando. De cualquier forma era una buena persona y sabía entender lo que estaba sucediendo, ahora era mi turno de demostrar que aunque las emociones existen y persisten, hay ocasiones en que la razón debe actuar para no comprometer nuestro futuro.



El día siguiente no tenía clase en la mañana y ansiaba la tarde, tenía muchas ganas de volver a escuchar esa voz delgada y bella, de ver ese rostro que me hacía soñar cada noche… Desayuné a grandes mordiscos y comencé a organizar mi casa. Aunque vivía con mis padres y mi hermano, mi habitación estaba convertida en un chiquero.

Al fin llegó la hora esperada, tomé mi auto y arranqué con deseos de pasar primero por un lavado, como si se tratara de una cita, de algún modo lo era, no como lo deseaba por ahora, pero tenía que darle a Jessica una buena impresión.

Llegué a su hogar, una gran mansión blanca en medio de un campo grande y rodeado de árboles robustos y fructíferos. Era un paraíso completo, me sentía llegar al cielo en donde me esperaba junto a Dios una bella mujer, un ángel de aquel edén terrenal.



Presioné el timbre de su puerta y esperé…