De repente, dos mundos que se cruzan entre miradas, abrazos, caricias, besos y amor… El pecado aullando como un lobo hambriento, luego, éste, encuentra su manjar, aquel, el de mejor sabor.
Habitación de confidencias, de derroche, de locura y encanto en donde olvidamos tanto el temor como el llanto.
De palabras sinceras, de rasgos de seducción, aquí habitaba el tiempo, ya no más, ahora hay tentación…
A nuestra cálida habitación, adornada con tu esencia…
Juan David M. A. (Juanhker)
13 de abril de 2015

