lunes, 13 de abril de 2015

La habitación del tiempo...

Un cuarto deambulado por la oscuridad, las noches que buscan apacentar sus sueños en una cálida morada y dos cuerpos que funden su calor en la penetrante y silente escalera del tiempo. Cuando vinculamos nuestro cansancio a la fascinación imparable de compartir un lecho en el que no existe nada más que nosotros, en el que nos deshacemos de todo el mundo exterior que rodea nuestras mentes, es cuando reconocemos que no existe el tiempo, que todo se congela, que la calma nos inunda y nos hace herederos del deseo y la pasión.

De repente, dos mundos que se cruzan entre miradas, abrazos, caricias, besos y amor… El pecado aullando como un lobo hambriento, luego, éste, encuentra su manjar, aquel, el de mejor sabor.

Habitación de confidencias, de derroche, de locura y encanto en donde olvidamos tanto el temor como el llanto.

De palabras sinceras, de rasgos de seducción, aquí habitaba el tiempo, ya no más, ahora hay tentación…



A nuestra cálida habitación, adornada con tu esencia…

Juan David M. A. (Juanhker)

13 de abril de 2015

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