martes, 10 de noviembre de 2015

La flauta del averno

Entonando melodías muy dulces, estaba allí, acariciando su rostro en el espejo del agua, con la marca del tiempo. Llamaba a sus manos pulcras, sin embargo estaba cegado de egoísmo, llamaba a su faz bella, pero a través del cristal, su sombra mostraba las fieras facciones demoníacas y de su espalda, salían esas curvas y puntudas alas que de inmediato me decían lo que era obvio, lo que era innegable.

Adonis quería llamarse también, como aquel hermoso incesto del que Afrodita alguna vez se enamoró. Pero lo particular era el arma de su preciosidad, llevaba en sus manos una traversa de dulces notas, con las cuales componer sonetos invaluables de gran admiración.

Sonaba cada vez más intenso, se hacía una parte de mi propio silencio, entre más desglosaba las notas mi inconsciente, más me atraía a su lecho de penumbras. Era infernal pero hermosa, una cantidad de emociones envolviendo el blando sonido que se traducía en el viento cual letrilla de sirenas, que te inundan en fascinación y sientes que te roba el corazón, pero en realidad atraen tu esencia para robarla y convertirte en un fiel servidor de su divinidad.

Fue pues cuando al acercarme más a su sonora y atractiva entonación, mis oídos más agudos y mis ojos perturbados, comenzaban a ver, como mi espíritu era consumido lentamente por el soplo de la flauta, la sombra de aquellas magistrales alas iba abriéndose a sitiarlo en un abrazo diabólico para no dejarlo escapar nunca más…

Tuve suerte de que en la osadía de pedir al cielo una respuesta, un ángel puro y seductor hizo caer en tentación al hacedor de la poesía musical. En su regazo ciñó al flautista del infierno y pronto la melodía dejó de escucharse. Yo en un movimiento rápido traté de escabullirme de aquel episodio fascinante y a la vez alucinante. No quería presenciar este momento en que Vida y Muerte hacen el amor, ese era el llanto y la risa, la brisa y la sequedad, la calma y la desesperación. Una batalla de contrastes que solo me permitían renunciar a ese camino equivocado al oír los ecos de muerte seducirme. Entonces en un intento casi nulo, pude girar y alejarme lentamente mientras el ángel de luz, con su encanto, convertía en suspiros todos aquellos intentos del maléfico músico por llevarse mi alma a través de la eternidad.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, sentí como el fuego abrazador me envolvia sin quemarme y el tormento de los condenados parecia menos con tal sonáta infernal 8-) .
    Por cierto, anoche estuve escribiendo, sobre los lienzos de la carne unos versos malditos dejé...

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    1. Muchas gracias por leerlo, la imaginación, a veces nos juega ciertos trucos, nos hace creer que vivimos pesadillas en carne real, o a veces lo contrario. Lo importante es seguirle la corriente y crear, a veces lo intento...
      Saludos, me parece excelente que hayáis escrito. Lo leeré. Un abrazo

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