domingo, 12 de febrero de 2017

El demonio de la soledad (Novela - Capítulo 2)

Pasaban una gran cantidad de pensamientos por mi cabeza, me temblaban las manos y piernas, sudaba frío, mientras contemplaba en mi mente ideas de “cómo se sentiría un cálido y tierno beso con Jessica” ó “caminar tomados de la mano” o incluso algunas otras imágenes de amor insondable como estar fundidos en un solo cuerpo y un solo corazón.

- ¡Oye! ¿Te puedo ayudar en algo, qué te sucede? Te quedaste con la mirada perdida… – Me abrió la puerta un tipo alto, de nariz aguileña, mal encarado y serio de unos treinta y tantos que me sacó del letargo en el que me encontraba idealizando.

- Busco a Jessica – Contesté aun volviendo en mí

- Disculpa un momento – El hombre cerró la puerta y entró de inmediato. Pude notar que no estaba de muy buen humor, sin embargo no era de mi incumbencia por lo que esperé el momento que ansiaba desde el día anterior, no podría nada opacarlo, ¡por nada del mundo!

De repente esa figura magnánima y de un aura hermosa, circundaba mi visión casi fecundada por la felicidad, sin embargo no podría mostrarme muy apurado, pues aunque pretendía hacer las cosas a la antigua, tampoco era conveniente que supiera que me pasaba la vida pensando e idealizando acerca de ella.

- ¡John! Es bueno verte tan temprano, no sabes cuánto ansiaba salir de casa…

- ¡Hola preciosa! A mí también me alegra mucho verte, pero ¿por qué dices eso, sucede algo?

- No es nada, descuida, ya estoy acostumbrada. Te lo contaré en cuanto lleguemos a la universidad. ¿Nos vamos?

- Vale, vamos…

Durante el camino, no dejaba de mirar lo hermosa que era, sus labios eran rojos, abundantes y seductores, sus ojos de un azul de mar y de cielo, inspiraban gran paz y con ellos, su mirada tan penetrante me erizaba la piel; no podía conducir tranquilamente pues en su rostro, aunque tenía las más bellas facciones, notaba algo de tristeza. No la conocía muy bien, así que no era bueno juzgar sin saber, tal vez era su estado normal o natural o simplemente podía tratarse de algo pasajero carente de la más mínima importancia.

- Eres tan hermosa Jessica, me alegra mucho estar contigo en este momento.

- Gracias, eres sumamente amable, no es para tanto. También es bueno estar aquí, ¿sabes? Hay ocasiones en que quisiera volar, desaparecer del mundo o al menos ausentarme a un lugar en donde nadie me conozca.

- No sé si de algo sirva, pero aunque no nos conozcamos demasiado, quiero que sepas que si necesitas algo, lo que sea, puedes contar conmigo…

- ¡Eres un encanto!

Si ella supiera lo que era para mí, sin ni siquiera conocerla a fondo, era la dueña de mis pensamientos, de mis emociones más extrañas, de los sueños más exquisitos y si por mí fuera hasta de mis sentimientos y mi piel.

Llegamos a la universidad, nos acomodamos en la biblioteca en una gran mesa, la cual posteriormente llenamos de libros arcaicos y grandes pero con magnas riquezas históricas. Era extraño que para matemáticas hiciésemos un trabajo de este tipo, sin embargo para mí lo que menos importaba en esos momentos era el trabajo, solo me concentraba en Jessica y en hacerla sentir lo mejor posible a mi lado, pues pretendía que esta fuera la primera de las múltiples citas, estudiantiles o no, que íbamos a tener. Estaba completamente decidido y con mi mirada fija en ella…

- ¿Comenzamos con Pitágoras? – Le pregunté con el fin de tomar el libro correcto

- ¡Estupendo! Me encanta ese personaje, no solo por sus descubrimientos matemáticos sino que sus teorías se aplican a muchas ciencias, entre ellas la astronomía, la cual me fascina

- Es magnífico, nunca pensé que alguien que luce como tú se interesara por esta temática, te confieso que la astronomía también me apasiona.

- ¿Alguien que luce como yo? – Preguntó con interés, pues noté que le envolvía conocer mi concepto acerca de ella

- Pues verás, no es muy común ver personas con la calidez y amabilidad, fuera de la belleza física que tú ya de por sí tienes y que además sean personas inteligentes que se interesen en cosas que valgan la pena como el arte, la historia, la música, la filosofía, la ciencia, en seguir estudiando para salir adelante y no quedarse solo con un bachillerato, ese tipo de personas… Si lo notas bien, la gente de hoy en día, tanto hombres como mujeres, buscan la facilidad para todo y entre más rápido obtengan algo que quieren, mejor. Buscan salir apresuradamente de un centro de estudios técnicos, que incluso en ocasiones pueden ser mediocres y hasta ilegales, con el fin de comenzar a ganar dinero. Luego de ello, forman una vida irresponsable porque no se dan el tiempo de conocer a las personas, solo buscan sexo y no miden las consecuencias ni tampoco utilizan los métodos modernos para evitar el embarazo no deseado o las enfermedades de transmisión sexual…

- ¿A este respecto entonces piensas que soy diferente del común?

- Eso creo, eso espero…

Hubo una pausa en nuestra conversación mientras realizábamos en mi laptop las diapositivas para la ponencia, estuvimos escribiendo sobre muchos matemáticos, físicos y astrónomos que legaron sus conocimientos hasta nuestros días resumiendo sus más importantes descubrimientos y enfocándonos en la parte más sobresaliente de sus biografías. Utilizamos una bibliografía amplia y estuvimos toda esa tarde trabajando hasta el anochecer.

- John, no quiero que pienses mal sobre mí, sin embargo, hay algunas cosas sobre mi vida que me gustaría contarte… Esta tarde, cuando fuiste por mí a casa, no pude evitar que él abriera la puerta, hay condiciones especiales en mi vida, tal vez no sea muy conveniente para nadie estar cerca de mí. La convivencia en mi hogar es difícil… ¿Sabes? A veces me siento muy sola, a pesar de que en mi domicilio habitan algunas personas, es complicado cuando no te entienden, cuando no te quieren o cuando no pueden hacerse a la idea de que alguien es diferente. Por ello, suelo alejarme de la gente, a veces prefiero estar sola físicamente pues puedo buscar compañía en los bosques, en los ríos, en las mismas personas que están en las calles, prefiero eso que estar con alguien que me haga sentir sola…

- Yo creo que tienes mucha razón, te entiendo más de lo que piensas, pues tengo cierta experiencia en estar solo, ¿Pero a qué te refieres con ser diferente?

- Hay un secreto que debo contarte…

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