sollozos del destino.
Mudos, ciegos, son tormentos,
de un aliento fino.
Abrumadora oscuridad
que poseída entre sombras,
cristales rotos, vanidad:
¡Ahora te asombras!
Una viva luz que de ti florece
Y que en mí ciega,
Encarna y crece
Un alma llega…
Opacado de silencio
Y perpetuo ante tu figura,
Anonadado me sentencio
Y próximo a la sepultura.
En el miedo me declaro
Por un oscuro espectro
Por ver no hay que pagar, aclaro
Así que veo luz adentro.
A un silencio que enmudeció mi aliento…
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