Todos los días conducía motivado hacia la universidad. Si bien, mi carrera era importante, lo era más la necesidad creciente de verla…
Ambicioso de visión, aunque corto de lo mismo, siempre traté de ubicarme unos cuantos puestos diagonal a Jessica, me encantaba mirar cómo se movía, cómo hablaba, como reía, cómo suspiraba y hasta cómo leía algunos folios que cargaba para estudiar (…)
Era martes en la mañana y tenía de nuevo clase de matemáticas con el profesor Augusto Sarmiento; si bien, para los ingenieros es importante esta materia, también es cierto que no por ello deja de ser aburrida y más aún, cuando la mujer de tus sueños ha tomado la materia contigo y por ende nunca deja que te concentres como es debido.
– ¿Podría repetirme lo que acabo de decir, señor Franco? – Me preguntó el profesor en señal de desatención
– Lo… Lo siento profesor – gagueé al percatarme del llamado –, no me siento muy bien – Respondí un poco apenado
– Sabe que en cualquier momento puede salir y tomar un descanso ó quizás, ir a la enfermería de la facultad…
– Gracias profesor, lo tendré muy en cuenta.
Al terminar la clase sentí un gran alivio, no solo por haberme quedado dormido con los ojos abiertos, pensando en lo magnífico que podría ser congeniar con Jessica, sino también, porque no había podido entender nada aquel día, precisamente por el mismo motivo.
Tenía algunas otras clases, así que no debía tomar mi auto e ir directo a mi casa, como lo quería, sino que programé almorzar y regresar a la facultad. Lo que no sabía, era que el hecho de permanecer allí, iba cambiar el rumbo de varias circunstancias en mi vida…
– Hola John – Me saludó aquella chica de mirada viva, carita de ángel, sonrisa bohemia y cuerpo de diosa
– ¡Hola Jessica! – respondí asombrado, asustado tal vez por el inesperado encuentro y por lo bella que puede llegar a ser la vida con nosotros.
– Siento lo que sucedió en clase, Sarmiento a ratos espanta
– Sí, aunque es una buena persona y un buen maestro, esta vez, reconozco que la culpa fue mía…
– Y es que… ¿Te sucede algo, te puedo ayudar? – Preguntó atañida con mi respuesta
Si ella supiera, si tan solo hubiera imaginado en ese momento que era el mal de mis delirios, tal vez se hubiese abstenido de preguntar, tal y como yo lo hice de responder
– Solo fue un mareo, me sentía algo extraño…
– Espero que no sea nada grave. John quería proponerte que hiciéramos juntos la ponencia histórica, ¿te parece? O acaso ¿ya tienes un grupo con el cuál hacerla?
¡Demonios! Esta era una gran oportunidad, pensé que al aprovechar la ocasión podríamos comenzar a salir, luego conocernos bien durante un tiempo y poder contraer algo serio. Yo era de aquella casta conservadora a la que le interesaba una persona con la cuál vivir toda la vida, casarse, tener hijos, todas esas cosas. Tal vez algo de conquista a la antigua no vendría mal para una sociedad en la que se ha perdido el sentido de la pareja como debe ser…
– Cuenta con ello, Jessica, aún no tenía grupo y de hecho, pensaba proponerte lo mismo en cuanto te viera.
– De acuerdo, hoy no podré trabajar, pero podríamos vernos mañana
– Claro que sí, dime tu dirección y yo la apunto para recogerte a las 3, ¿estás de acuerdo?
– ¡Perfecto! Esa hora estará muy bien, recuerda llevar tu Laptop, mi computadora se ha averiado
– De acuerdo, ahí nos veremos – Le dije a Jessica, al tiempo que guardé un papel viejo y arrugado en que anoté su domicilio. – Y… No te preocupes, arreglaremos tu compu.
Nos despedimos de beso en la mejilla, simplemente no podía creer que esto estuviese sucediendo de verdad. Ella era una chica que parecía muy pretenciosa, pero en realidad, podía ver en sus ojos, la calidez de una niña con ganas de conocer el mundo.
El resto de tarde transcurrió como es normal, estuve en otras clases, en las que pude enfocarme mejor. Al salir de la universidad, me encontré con el profesor Augusto…
– Señor Augusto, quería ofrecerle una disculpa – Dije sin dudarlo
– No te preocupes John, siempre has sido un estudiante ejemplar, esas cosas suceden, en especial cuando hay en clase, alguien de tu interés…
– Pe… Pero, ¿cómo lo sabe señor Sarmiento? La verdad me apena mucho que mi rendimiento se esté afectando
– No tienes por qué apenarte, he notado que tu mirada se concentra en la señorita Dimitri, cada clase es lo mismo, es normal; solo te pido que intentes alejar tus emociones de tus deberes, poco a poco, aún nada se ha perdido…
– De veras que lo siento mucho profesor, lo intentaré, se lo prometo
Me asombró mucho la perspicacia de mi maestro de Matemáticas, es muy cierto aquello que dicen sobre la experiencia. Una persona con experiencia, no necesita saber qué dices o qué haces para saber qué es lo que estás pensando. De cualquier forma era una buena persona y sabía entender lo que estaba sucediendo, ahora era mi turno de demostrar que aunque las emociones existen y persisten, hay ocasiones en que la razón debe actuar para no comprometer nuestro futuro.
El día siguiente no tenía clase en la mañana y ansiaba la tarde, tenía muchas ganas de volver a escuchar esa voz delgada y bella, de ver ese rostro que me hacía soñar cada noche… Desayuné a grandes mordiscos y comencé a organizar mi casa. Aunque vivía con mis padres y mi hermano, mi habitación estaba convertida en un chiquero.
Al fin llegó la hora esperada, tomé mi auto y arranqué con deseos de pasar primero por un lavado, como si se tratara de una cita, de algún modo lo era, no como lo deseaba por ahora, pero tenía que darle a Jessica una buena impresión.
Llegué a su hogar, una gran mansión blanca en medio de un campo grande y rodeado de árboles robustos y fructíferos. Era un paraíso completo, me sentía llegar al cielo en donde me esperaba junto a Dios una bella mujer, un ángel de aquel edén terrenal.
Presioné el timbre de su puerta y esperé…
Buenas tardes quisiera terminar de leer su historia y seguir recreándola gracias y saludo cordial...
ResponderEliminarMuchas gracias Jairo, puede creer que apenas pude moderar los comentarios, de ahora en adelante estaré más pendiente ya de mi blog, lo había descuidado mucho, pero nunca es tarde.
EliminarClaro, terminaréis de leer mi novela. Apenas vaya teniendo avances significativos os habré hecho enterar de ello.
Saludos mi hermano