Con cada letra que escribo,
O cada palabra que digo,
Siento el dolor latente,
Como la mordida de una serpiente.
Hoy me pongo en tus zapatos,
No creas que no lo he pensado,
Que tus días no son baratos,
Ni los míos, te he confesado.
Hombre de la mirada triste,
De la furia opacadora;
Entonces, ¿por qué lo hiciste?
Consigue un alma purificadora.
Hombre de la sonrisa ajena
Dueño del rencor
Corre sobre la arena
Y siéntete mejor…
Consejos desde el fondo
Me gustan los contenidos y la nueva presentación del blog,Juan , muchas felicitaciones por la dedicación y cuidado a estos espacios de banquete literario y cultural , obvio espero nuevas y entretenidas publicaciones ... saludos amigo!!!
ResponderEliminarJairito, mil gracias por leerme fielmente. Claro que sí, Dios mediante así será mi amigo. Un gran abrazo.
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