Frente a mí, con cálida mirada, veías en mis ojos la amargura y a la vez satisfacción... Acariciar tu tez tan blanca era hermoso, pero ver la palidez bajo ella, estremecía mis lamentos. Mirabas fija y pausadamente mi rostro y recorrías con tus dedos mis labios. En ese momento te acercaste a mí con un beso penetrantemente excepcional, porque llegó a tocar hasta las fibras más profundas de mi ser, dejaste tu alma grabada en mi corazón. Al tocar tu rostro, noté que bajo aquella decoloración extraña que veía en él, se encontraba una muy baja temperatura. Estabas helada completamente, pero te veías tan llena de energía que una cosa contrarrestaba a la otra. Era complicado entender por qué no tiritabas de frío como lo hacen las estrellas cuando les falta tu calor…
De repente, comencé a mover mis dedos por tu cuello y de blancos que son, noté el rojo carmesí, que líquido corría sobre ellos; un impulso incontrolado por ver qué había en tu piel, hacía que quisiera solamente llevar mi dedo sangrado a la boca y rozar los labios, sintiendo esa miel pura que es tu fluido vital.
Cuando dejé de saborear tu linaje, tomé tu rostro de hielo y suavemente, entre las rosas rojas de aquella blanca habitación, te llevé a recostarte en mi hombro, aprecié aquellos orificios rojos y no podía comprender por qué estaban ahí; acaso, qué habías hecho o quién lo había hecho, cómo, cuándo, por qué… Tus ojos de fuego, hermosos y expresivos como siempre, me dijeron que no buscara culpables cuando recaía el pecado inadvertido sobre mí. Tus colmillos largos me dijeron que te había dado vida eterna…
Tus caricias, tan dulces y tan tiernas… Me tomaste con fuerza tan descomunal que parecías arrancar de mí el sufrimiento por hacerte parte de mi eternidad… Cuando lo hice, no vi el pecado en quererte a mi lado para siempre. ¿Vida eterna? Pero qué fascinación que exista, pero qué ingrato será apoderarse de una eternidad, personas mueren y tú ves llegar la hora de partida de todos tus seres queridos y de sus hijos y de los hijos de sus hijos. El dolor consiste en estar condenados a divagar por un mundo mutable que cada día se transforma en una jungla de cemento en la que se destruye nuestro hogar y mueren de hambre y desolación.
Me miro en el espejo y no veo más que la pared del fondo, mi rostro ahora no está porque se halla perdido en las montañas del tiempo. ¡Oh Dios!, padre santo que a ti nunca quise renunciar, ¿qué es lo que he hecho? Si yo estaba condenado a morar eternamente en una realidad petrificante, hubiera preferido vivir con mi reflejo y que mi amada tuviera la suerte de saberme cálido y lleno de amor. Ahora la he convertido, ha transmutado como la dueña de mis días sin sueño, porque nunca más dormiremos, la he condenado a estar junto a mí y a que viva lo que yo viviré por los siglos de los siglos. Porque en mi mundo la soñé para siempre, para toda una vida, pero fue tan fuerte el amor, que el egoísmo me dijo que la quería no para una vida, sino para una eternidad. Amada mía, perdóname por condenarte a vivir junto a mí en la infinitud de los tiempos, a quererte con la magnitud de un ser sobrenatural, porque en eso nos hemos convertido.
Siento ahora en mi rostro el hielo, miro mis manos y en ellas veo la línea de la vida… Se quedó sin fin y aún así es como una grande cicatriz que borra las heridas de las otras líneas y se hace fuerte… Tartamudeará el viento a son de tus labios y se esculpirán monumentos en tu nombre, alma inmortal que clemente o piadosa, en mis noches de plenilunio combatimos feroces enemigos; hoy que he puesto mis labios en tu piel, no me queda más castigo hermoso que dejarme amar, muriendo enamorado, emanando de tus sueños pulcritud, procreando esencia, limando asperezas, evadiendo rencores, aboliendo el sufrimiento…
¡Así te soñé Dama de la noche plena!, dulce encanto eterno que en mí has de posar tus delicadas manos para decirme “Jamás te dejaré”, pintas en mí, más que el recuerdo de los sueños, veo una hermosa vida y tan llena de magia que hasta los más bellos pájaros quisieran su frondoso y enérgico color.
A un sueño de eternidad, cubriendo la agonía de la infinitud con el encanto de un amor puro…
Mi amigo juan, reciba mi cordial saludo desde las sombras de la noche quiero que escuche la banda sonora de su gran escrito "Inmortalidad" un abrazo...
ResponderEliminarhttps://www.youtube.com/watch?v=EuIUW6NWsXI
ojala se pueda visualizar el vinculo.
Perfecto, el enlace funciona de maravilla
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